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Recomendamos visitar Fantasía Austral y conocer de su proyecto Cuentos Chilenos de Fantasía
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 26/01/2012 a las 12:54 PM
click en la imagen o link para agrandar Así es, estimados lectores de Fantasía Austral. Finalmente, y después de un largo tiempo, nuestro e-book: Cuentos Chilenos de Fantasía, está online y listo para ser descargado, y recuerden: ¡Totalmente gratis!
En primer lugar les ofrecemos disculpas por las numerosas veces en que dimos fechas de publicación que luego no cumplimos pero, créannos que la demora valió la pena. Desde que iniciamos este proyecto teníamos la convicción de que no queríamos publicar un producto mediocre y pobremente acabado. En realidad, parte de la esencia de nuestro proyecto es elevar el nivel de la Fantasía Chilena. Ahora depende de Uds. juzgar si lo estamos logrando o no con este e-book. Como siempre, estaremos muy atentos a sus comentarios, criticas y (ojalá) reseñas.
Ahora, para comenzar a disfrutar del libro, solo tienen que ir a la pestaña “Los Cuentos” y hacer click en “Pay with a Tweet or Facebook” ¡Y listo! Podrán leer la primera colección de cuentos de Fantasía escritos en Chile. Como siempre, cualquier ayuda en la difusión la agradeceremos mucho.
Como guinda de la torta les dejamos un nuevo video donde Felipe y Paula profundizan un poco en el proceso de publicación de Cuentos Chilenos de Fantasía:
Para mayor información, consultar la web: Artículo sobre Carne de Daniel Rojas Pachas en el Mercurio de Antofagasta [por Nicolas Said]
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 26/01/2012 a las 09:26 AM
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Artículo sobre Carne de Daniel Rojas Pachas en el Mercurio de Antofagasta [por Nicolas Said] RECOMENDAMOS EDITORIAL O TESTIMONIO DE PARTE [LETRASÉRTICA NÚMERO III - TACNA]
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 23/01/2012 a las 05:51 PM
Es verdad de Perogrullo que no porque uno lea más que el resto y tenga una biblioteca atiborrada de obras selectas, sea mejor persona, en el sentido moral. Pueblos ágrafos como el andino supieron elevarse a categoría ética que hoy nos causan asombro. “El pueblo está embrutecido porque no lee” dicen los sabihondos, ¿el pueblo no lee o estos farfulleros no saben leer la realidad? Hoy se lee más que nunca, ilustres doctoretes. Lee a diario el niño y el adolescente que va a los videojuegos. Leen los jóvenes twitteando en su blackberry o exhibiéndose por facebook; para éstos y miles de adultos con un mínimo de instrucción las redes sociales son la plataforma alternativa por excelencia, ni qué se diga del fenómeno internet donde se ha concentrado el conocimiento universal y está al alcance de todos. Hasta los sectores más pauperizados se alimentan de la televisión y el periódico chicha que la gran prensa distribuye a granel. Sumado a esto la acción benéfica de la piratería que permite abaratar el costo de los libros. “Democratización de la cultura” le llaman, fenómeno demonizado por nuestra sagrada “intelligentzia”, hace no mucho Marco Aurelio Denegri puso el grito en el cielo: “Es que por estos medios la información viaja con mucha prisa, nada se retiene”, es cierto, pero ¿qué le vamos a hacer, acaso cambiar el curso de la historia? Nos guste o no, esa es la realidad. El viejo concepto de “élite” ha sido pulverizado por el “demos”. ¿Será la inundación de los bárbaros anunciada por González Prada? Tampoco se lea esta declaración como una apología al hedonismo elevado a la n potencia. No somos tan ingenuos. Creemos, como axiomatizara Oscar Wilde, que si hay una regla para medir el valor de una obra literaria, ésta debe ser dada exclusivamente por sus cualidades estéticas. Por tanto, nos tiene sin cuidado la temática de tal o cual texto; esto se hace plenamente verificable por el contenido de estas páginas donde confluyen, como en un mural de arte híbrido, los más variados matices; y obviamente no somos localistas, en este amplio collage de voces caben artistas de todas las procedencias, los de aquende y los de allende, todos hermanados por un vínculo generacional. Lo que sí, no es propósito nuestro convertirnos en tribuna de manifestaciones con tufillo político, sean éstas comunistas, fascistas, indigenistas, nacionalistas o feministas, que hay espacio para ellas en otras tiendas. Y es evidente que publicamos esta revista, aparte del goce, por la sencilla razón de que en Tacna carecemos de una, lo que es entendible a sabiendas que la escena literaria en nuestra ciudad es paupérrima, por decir lo menos; y es que somos un pueblo horro de tradición literaria que no sea la que consagra el patrioterismo de banderita y escarapela, esa que se alimenta del odio a Chile, de exaltar con hipérbole el heroísmo de la mujer tacneña, la resistencia durante el cautiverio, el picante, la buganvilla, el techo mojinete, el río Caplina, la pileta y la catedral. Patriotismo muy respetable, por cierto, pero que ha sido y es camisa de fuerza que nos tiene postrados literariamente en comparación con ciudades como Arequipa, Puno o Cusco (sólo para hablar del sur peruano) en las que sí es notoria la influencia de una verdadera tradición. Tan exigua es nuestra tradición tacneñista, que ha soslayado olímpicamente su herencia andina, casi nada se ha escrito de esa otra Tacna, la encubierta. Así y todo, hay quienes continúan repitiendo ese gastado estribillo “Tacna, tierra de poetas”; apenas podemos exhibir con menguado orgullo, y no sin beneficio de inventario, el legado de la “Bohemia Tacneña” de fines del siglo XIX y los trabajos de la generación de poetas del 70 del siglo pasado. En poesía dos o tres nombres de valía, en narrativa simplemente heredamos raquitismo. Es recién en estos últimos años que se viene forjando un atisbo en las obras de Torres Gárate y Gabriela Caballero en narrativa, a los que se suman Mario Carazas y Luis Chambilla en poesía, siguiendo la estela de los Velapatiño, Cancino y Fernández de Córdova, en ellos es posible hallar cierta inquietud que tiende a conformar un movimiento, y aunque deflagre al cabo de algún tiempo, su labor se verá cumplida en los retoños, estos muchachos que emprenden osada aventura, los Alberto Ninaski, Raúl Miranda, Yhan Coronel y otros; en ellos se deposita el porvenir de nuestra literatura. “¡Parricidas!”, dirán algunos, ¿cómo serlo si el erial apenas produce uno que otro grano de valor desigual? Por eso, nos vemos obligados a labrar el surco en pleno arenal, sembrando letras en el desierto y a fuerza de batallar contra el statu quo, acometemos la tarea de irrigar el suelo polvoriento donde hunde su hocico la medianía intelectual. Parafraseando al poeta Atahualpa Rodríguez: queremos remozar la escena quitándole las legañas Visto el diagnóstico, se hace perentorio decir con Vallejo: hermanos, hay muchísimo que hacer. Nos estimula en alto grado el trabajo que vienen realizando en Arica, ciudad vecina, los muchachos de CINOSARGO, una joven editorial que se ha abierto camino a punta de publicaciones de notable calidad, diversificando y amplificando la escena literaria del norte chileno que agonizaba congelada en fórmulas de antaño; hemos trazado un vínculo sólido con este grupo de irreverentes camaradas del arte y la bohemia. Del mismo modo con los integrantes de YERBA MALA CARTONERA de Bolivia, un colectivo literario manejado como editorial que se mueve en los márgenes del academicismo, operando en el insterticio ignorado, allí donde se han inventado muros y sólo hay espacios abiertos, trocando el desecho humano (la inmundicia) en vida (goce) por acción del reciclaje. Y porque nos une el mismo espíritu, suscribimos plenamente estas palabras: “en nuestro contexto inmediato poseemos el referente y guía del Grupo Orkopata, quienes a inicios del siglo pasado, -en frontal acto vanguardista- previeron la capacidad de comunicación entre distintas nacionalidades y visiones de existencia mediante el arte y la literatura, logrando lazos entre toda la región y el resto de los continentes”. (Fragmento del manifiesto de Yerba Mala Cartonera, en: “Akademia Cartonera, un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina”, Universidad de Wisonsin, 2009). Si el arte no admite fronteras, convengamos que el estrecho patrioterismo nos hace daño. Las demarcaciones políticas se diluyen por el tránsito incesante de seres humanos y con ellos el desplazamiento de sus ideas, sueños, fluidos, pesadillas, estímulos, etc. Este espacio fronterizo que habitamos nos otorga la ventaja de movilizarnos y sacudirnos del letargo en un flujo continuo que Entendido que un texto editorial debe trazar cierta orientación para que el lector pueda desplazarse sin contratiempos, es menester sentar algunas precisiones relativas a la presente edición. La columna vertebral naturalmente está sustentada en los trabajos de autores tacneños (Juan Quispe Machaca, Alberto Ninaski, Jorge Parra, Raúl Miranda, Luis Chambilla, Augusto Aníbal Toledo, Yhan Coronel, Eustakio Khori Sonqo, Mario Carazas, Íkaro, Manuel Vicente Otazú y Moisés Chacolla), todos ellos de la nueva hornada, salvo dos o tres nombres que ya han alcanzado cierto prestigio, siendo ampliamente reconocidos como adalides del recambio generacional iniciado a fines de los 90 e inicios del presente siglo. Casi todos han participado en los dos números precedentes, por tanto se ha obviado sus referencias personales -los interesados ya saben dónde remitirse-. Asimismo, contamos con selecta colaboración de dos jóvenes autores de Arequipa y Trujillo, ambos muy talentosos. Exhibimos del exterior, como ya se ha explicitado, sugestivos testimonios del trabajo que llevan adelante los colectivos Cinosargo y Yerba Mala Cartonera, de Chile y Bolivia, respectivamente; asimismo, incluimos el trabajo de un joven narrador argentino. Muy substancioso es el ensayo que sobre dos puntales de nuestra literatura -Churata y Arguedas- ha escrito una brillante investigadora española, joven y decididamente vanguardista; sobre el mismo Churata ha escrito Eloy Jáuregui un interesante artículo que hemos reproducido a propósito de la reciente reedición de “El Pez de Oro”, la obra maestra del escritor puneño. En la sección homenaje va un collage de textos en torno a uno de los poetas fundacionales del Perú: César Atahualpa Rodríguez. Del mismo tenor es la entrevista que le hicimos al poeta Mario Carazas como un reconocimiento -en su persona- a la generación de los 90, eslabón entre los poetas del 70 y la generación actual. Cerramos con un puñado de reseñas sobre las últimas publicaciones efectuadas en nuestra ciudad y en la vecina Arica, estos comentarios no tienen ninguna pretensión de hacer crítica literaria o cosa parecida, son sencillas apreciaciones hechas por lectores pedestres. Las ilustraciones que engalanan las páginas de LETRASÉRTICA III están a cargo de un talentoso artista plástico, muy joven él, llamado Guztabo Lauracio, sin duda estamos ante un artista en potencia por la sobriedad de su estilo y el diestro manejo del pincel, en este caso del carboncillo; más que una grata promesa ya constituye una realidad desbordante. Decíamos que las condiciones son desfavorables para emprender un proyecto de este tipo, lo que en buena cuenta implica falta de: recursos económicos, apoyo estatal, público interesado y demás factores. No señalamos estos aspectos por afán autocompasivo, somos conscientes de esta realidad y como tal la afrontamos. No faltará quienes recusen esta revista por su modesto diseño y formato artesanal, hecho con escasísimos recursos monetarios pero con exacerbado apasionamiento, para ellos sólo nos reservamos una sonrisa compasiva. No obstante, habrá aquellos que valoren el esfuerzo y el talento de estos muchachos, para ellos nuestra mejor amistad. Esta es la propuesta del colectivo LETRAS EN EL DESIERTO, poesía, narrativa, ensayo, dibujo, arte en suma; no se puede negar el aislamiento geográfico y cultural a que se ha visto sometida Tacna respecto de la capital y otras ciudades importantes del Perú, este trabajo colectivo -de algún modo- implica una respuesta a esa situación, no desde el estrecho localismo, sí desde la amplitud de horizontes; por lo demás, corresponde a los lectores la última palabra, la nuestra ha sido enunciada.
Grupo literario LETRASÉRTICA Libros del catálogo de Cinosargo Ediciones en Buscalibros.cl
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 20/01/2012 a las 11:28 AM
Libros del catálogo de Cinosargo Ediciones en Buscalibros.cl Estimados lectores, tenemos el agrado de comunicar que ocho libros de nuestro catálogo ya están a disposición de ustedes vía buscalibros.cl, uno de los portales de venta de libros por internet más grande y completo del continente. Desde hoy podrán adquirir nuestras ediciones desde cualquier parte del mundo, con un sólo click y total seguridad debido a las múltiples formas de pago y sistemas de despacho directo a la puerta de sus casas, que buscalibros.cl ofrece. Los invitamos a visitar la página de buscalibros y a todos los interesados en nuestras obras, revisar los títulos de Cinosargo que están cada vez más cerca de ustedes gracias a nuestra gestión. Mayor información de Cinosargo en www.cinosargo.com Pronto tendremos más novedades con respecto a la distribución de nuestros títulos y otros puntos de venta. Les recordamos además que en Santiago estamos en Ciudad Letrada, Estrofas del sur, Librerías Fariña, Librería Cuarto Propio y Metales Pesados. y en Lima, en librería Inestable en la calle Porta de Miraflores, signado con el número 185-B, donde atiende de 2:00 a 7:00 pm. Por el momento los dejamos con los links a las páginas de adquisición de los primeros títulos de Cinosargo en buscalibros.cl Novela Negra de Juan Podestá Barnao http://www.buscalibros.cl/novela-negra-juan-podesta-cp_5869052.htm El libro de las revelaciones de Víctor Munita http://www.buscalibros.cl/libro-revelaciones-victor-munita-cp_5869049.htm Carne de Daniel Rojas Pachas http://www.buscalibros.cl/carne-daniel-rojas-cp_5869045.htm Proyecto Apocalipsis de Andrés Olava * Eduardo Cuturrufo http://www.buscalibros.cl/proyecto-apocalipsis-andres-olave-cp_5869050.htm Nómada de Eduardo Rojas Pachas * Esteban Morales http://www.buscalibros.cl/nomada-antologia-grafica-cuento-eduardo-rojas-cp_5869048.htm Gorakhnath de Joel Vril http://www.buscalibros.cl/gorakhnath-joel-vril-cp_5869053.htm La Maldición de los Whateley´s de Pablo Espinoza Bardi http://www.buscalibros.cl/maldicion-whateley%B4s-pablo-espinoza-cp_5869047.htm Raíz de Uno de Fernando Rivera Lutz http://www.buscalibros.cl/raiz-uno-fernando-rivera-cp_5869046.htm Daniel Rojas Pachas Director de Cinosargo ESAS COSAS QUE HACEMOS [por John Zerzan]
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 19/01/2012 a las 10:56 AM
ESAS COSAS QUE HACEMOS John Zerzan Anarchy, 45, primavera-verano 1998. REIFICACIÓN* Del latín “re”, o cosa, reificación significa, esencialmente, cosificación; un poco en el sentido en que Theodor Adorno, entre otros, afirmaba que la sociedad y la conciencia han sido casi completamente cosificadas. A través de este proceso, las prácticas y las relaciones humanas llegan a ser vistas como objetos externos. Lo que está vivo termina siendo tratado como una cosa inerte o abstracción. Se trata de un cambio de los acontecimientos que se experimenta como natural, normal, inmutable. En Tristes Trópicos Claude Lévi-Strauss ofrece una imagen de este proceso de reificación en términos de atrofia de la civilización occidental: “como un animal viejo cuya espesa piel ha formado una costra imperecedera alrededor de su cuerpo, la cual, al evitar que la piel pueda respirar, termina por acelerar su proceso de envejecimiento” Esta pérdida de sentido, inmediatez y energía espiritual en la civilización occidental constituye igualmente un tema importante en los trabajos en los trabajos de Max Weber, el cual, se interesa también en la reificación de la vida moderna. Que esta falta de vida y de encanto parezcan de algún modo inevitables e inmutables, y sean, en gran parte, admitidas, precisamente, como una concesión, es un importante resultado de la reificación, algo inseparable de ella. ¿Cómo llegaron las actividades y relaciones humanas a separarse de sus sujetos y a adoptar una “vida” como de cosa, por ellas mismas? Y, dada la evidente mengua de la creencia en las instituciones y categorías sociales, ¿qué mantiene unidas las “cosas” en la sociedad cosificada? En un mundo comprendido de forma creciente por las más rígidas formas de extrañamiento, términos como reificación o alienación ya no se encuentran en la literatura que supuestamente se ocupa de ese mundo. Aquellos que declaran no tener ideologías son a menudo los más constreñidos y determinados por esa ideología dominante que son incapaces de ver, y es posible que el mayor grado de alienación se alcance allí donde la conciencia no llega. El término reificación fue ampliamente usada en la definición que de él dio el marxista Georg Lukacks, a saber: una forma de alienación resultado del fetichismo de la mercancía de las modernas relaciones de mercado. Las condiciones sociales y la situación del individuo se han convertido en una función misteriosa e impenetrable en lo que comúnmente denominamos capitalismo de consumo. Somos aplastados y cegados por la fuerza reificante de la etapa del capital que comenzó en el siglo XX. Pienso, no obstante, que puede ser útil retomar el término reificación para establecer un significado más profundo y dinámico. Lo simple y directamente humano está siendo en realidad evacuado de un modo tan cierto como que la naturaleza misma ha sido domesticada y convertida en un objeto. En el universo helado de las mercancías, el reinado de las cosas sobre la vida resulta obvio, y la frialdad que Adorno vio en el principio básico de la subjetividad burguesa está alcanza nuevos mínimos. Pero si la reificación es el elemento central a través del cual la forma mercancía impregna toda la cultura, es también mucho más que eso. Kant conoció el término, y fue Hegel, poco después, quien hizo un mayor uso de él (y de la objetivación, su equivalente aproximado). Él descubrió una ausencia radical del ser en el corazón del sujeto; es aquí donde podemos indagar fructuosamente. El mundo se nos presenta por sí mismo – y nosotros lo re-presentamos. Pero, ¿de dónde viene la necesidad de hacer esto? ¿Sabemos lo que realmente simbolizan los símbolos? ¿Será cierto que deben ser poseídos y no representados?. Los signos son, básicamente, señales, esto es, correlativos; los símbolos, sin embargo, son sustitutivos. Como explica Husserl, “el símbolo existe efectivamente en el momento en que se introduce algo más que vida” Es posible que la reificación sea el corolario inevitable, o un subproducto, de la simbolización misma. Como mínimo, parece haber fundamentos reificados en todas las estructuras de dominación. Calendarios y relojes formalizan e incluso reifican el tiempo, el cual fue, probablemente, la primera reificación de todas. Una estructura social dividida supone un mundo reificado principalmente, porque es una estructura simbólica de roles e imágenes, no de personas. El poder cristaliza en las redes de dominación y jerarquía tan pronto como la reificación entra a formar parte de la ecuación. En el productivista mundo actual, la extrema división del trabajo alcanza plenamente su significado original. Cada vez más pasivos y faltos de sentido, nos reificamos sin parar a nosotros mismos. Nuestro creciente empobrecimiento nos aproxima a aquella condición en la que apenas somos meras cosas. La reificación permea la cultura posmoderna, en la cual sólo las apariencias cambian y parecen estar vivas. Lo espantoso de nuestra posmodernidad puede ser visto como un destino de la historia de la filosofía, un destino que va más allá de ella. La historia, como tal historia, comienza como una pérdida de integridad, como la inmersión en una trayectoria externa que desgarra el yo en partes. La negación de la elección humana y de su efectivo ejercicio es tan vieja como la división del trabajo; sólo su drástico desarrollo o plenitud es nuevo. Hace unos 250 años el romántico alemán Novalis se lamentaba porque “el sentido de la vida se ha perdido” El cuestionamiento generalizado del sentido de la vida sólo puede aparecer en torno a este momento -justo cuando el industrialismo realiza su más temprana irrupción. Desde entonces, la erosión del sentido se ha acelerado rápidamente, recordándonos que la función sustitutiva de la simbolización es también una prótesis. El reemplazamiento de la vida por lo artificial, como la tecnología, implica una cosi-ficación. La reificación es también, al menos en parte, un imperativo técnico. La tecnología es “la habilidad para organizar hasta tal punto el mundo, que no necesitamos experimentarlo”. Se supone que debemos negar lo que hay de vivo y natural en nuestro interior para asentir a la dominación de la naturaleza no-humana. La tecnología se ha convertido, sin lugar a dudas, en el gran vehículo de la reificación. Sin olvidar que está inmersa y encarna una esfera del capital, la reificación nos subordina a nuestras propias creaciones objetivadas. “Las cosas están en el poder y conducen la humanidad” señaló Emerson a mediados del siglo XIX. No se trata de un giro reciente de los acontecimientos; refleja, más bien, el código maestro de la cultura ab origino. La separación de la naturaleza, y su consiguiente pacificación y manipulación, hace que uno se pregunte, ¿está desvaneciéndose el individuo? ¿ha sido la cultura misma la que ha puesto esto en marcha? ¿cómo es posible que una expresión tan reificada como “Los niños son nuestro más preciado recurso” no le parezca a todo el mundo repugnante? Somos cautivos de mucho más que lo meramente instrumental, alimento para el funcionamiento de otros objetos manipulables, pero también de lo continuamente simulado. Nos hayamos exiliados de la inmediatez, en un espacio descolorido y aplanado en el que el pensamiento lucha por desaprender su alienado condicionamiento. Merleau-Ponty falló en su búsqueda pero, al menos, ayudó a encontrar una ontología primordial de la visión anterior a la ruptura entre sujeto y objeto. Es la división del trabajo, y sus resultantes formas conceptuales de pensamiento, lo que permanece invariable, retrasando el descubrimiento de la reificación y del pensamiento reificado. Después de todo, es nuestra forma entera de conocer lo que ha sido deformado y disminuido, y esto debe ser entendido como tal. La “inteligencia” es ahora una externalidad a medir, equiparable a la pericia para manipular símbolos. La filosofía se ha convertido en la racionalización más elaborada de la reificación. Y de un modo más general, el ser mismo es constituido como experiencia y representación, como sujeto y objeto. Esta conclusión debe ser criticada de un modo tan fundamental como sea posible. El elemento vivo, activo, del conocimiento, debe ser desvelado, por debajo de la reificación que lo enmascara. El conocimiento, a pesar de la ortodoxia contemporánea, no es computación. El filósofo Ryle vislumbró que la forma de pensamiento más básica puede ser aquella que no cuenta con representación simbólica. Nuestras nociones de la realidad son producto de un sistema simbólico construido, cuyos componentes se han solidificado a lo largo del tiempo en reificaciones y objetivaciones, del mismo modo en que la división del trabajo fundió la dominación de la naturaleza y la domesticación del individuo. El pensamiento capaz de producir cultura y civilización es distante, no sensorial. Se abstrae del sujeto y deviene un objeto independiente. Eso quiere decir que las sensaciones son mucho más resistentes a la reificación que las imágenes mentales. El discurso platónico es un primer ejemplo de pensamiento que procede a expensas de los sentidos, mediante la separación radical entre percepciones y conceptos. Adorno llama la atención sobre una variante más saludable, cuando observa que en los escritos de Walter Benjamin “el pensamiento acosa al objeto, como si tocándolo, oliéndolo, probándolo, quisiera transformarse a sí mismo”. Y Le Roy está probablemente muy cerca de este indicio cuando dice que “renunciamos a la concepción sólo para querer la percepción”. Históricamente determinado, en el sentido más profundo del término, el aspecto reificado del pensamiento es una “desventura” cognitiva más. Husserl, entre otros, concibió la representación simbólica como originalmente diseñada para ser un suplemento temporal de la auténtica expresión. La reificación entra en escena, de forma un tanto paralela, cuando la representación pasa del estatus de noción usada para propósitos específicos al de objeto. Sean o no adecuadas estas tesis, parece, al menos, evidente que existe una fisura ineluctable entre la abstracción del concepto y la riqueza de la red de fenómenos. En este sentido es importante la conclusión de Heidegger de que el auténtico pensamiento es “no-conceptual”, una especie de “escucha reverencial”. Siempre de la mayor relevancia es la violencia que un ethos pertinazmente invasor perpetra contra la experiencia vivida. Gilbert Germain ha comprendido cómo el ethos promueve decididamente un “olvido de la relación entre el pensamiento reflexivo y la experiencia perceptual directa del mundo del que éste proviene y al cual debería volver”. Y Engels apuntó de pasada que “la razón humana se ha desarrollado de acuerdo con la alteración humana de la naturaleza”, una manera suave de referirse a la relación entre objetivación, razón instrumental y la progresiva reificación. En cualquier caso, el pensamiento de la civilización ha trabajado para reducir la abundancia que todavía se las arregla para rodearnos. La cultura es una pantalla a través de la cual nuestras percepciones, ideas y sentimientos son filtrados y domesticados. De acuerdo con Jean-Luc Nancy, la cosa más importante que representa el pensamiento representacional, es su límite. Heidegger y Wittgenstein, posiblemente los pensadores más originales del siglo XX, terminaron, siguiendo estas líneas de pensamiento, negando la filosofía. El reificado mundo de la vida elimina progresivamente lo que lo cuestiona. La literatura sobre la sociedad produce cada vez menos cuestiones básicas sobre la sociedad, y el sufrimiento del individuo es ahora raramente tenido en cuenta para nivelar esta sociedad incuestionada. La desolación emocional es vista casi completamente como un efecto de anormalidades cerebrales o químicas “naturales”, sin que tenga nada que ver con el contexto destructivo en el que el individuo, generalmente, ha soportado su condición narcotizada. En un nivel más abstracto, la reificación puede ser neutralizada confrontándola con la objetivación, la cual es definida de un modo que pone a ésta en tela de juicio. En este sentido, la objetivación pretende significar una conciencia de la existencia de sujetos y objetos, y el hecho de ser uno mismo tanto sujeto como objeto. Hegel, en esta línea, se refiere a ella como la esencia última del sujeto, sin la cual no puede haber desarrollo. Adorno veía en una cierta reificación un elemento necesario en el necesario de objetivación humana. Al volverse más pesimista a cerca de la realización de una sociedad desreificada, Adorno usa reificación y objetivación como sinónimos, consumando una retirada desmoralizada de la diferencia que, sin duda, cada término reclama. Creo que puede ser instructivo aceptar los dos términos como sinónimos, no para terminar aceptando ambos, sino para considerar la idea de exploración de la alienación. Dicha alienación requiere una alienación del sujeto con respecto al objeto, la cual es fundamental, parecería, para el propósito de reconciliarlos. ¿Cómo fui a parar a este horrendo presente, definible como una condición en la cual el sujeto reificado y el objeto reificado se oponen mutuamente? ¿Cómo es que, como William Desmond estableció, “la intimidad del ser es disuelta en la antítesis moderna de sujeto y objeto”?. Del mismo modo que el mundo es modelado por medio de la objetivación, así ocurre con el sujeto: percibe el mundo como un campo de objetos abiertos a la manipulación. La objetivación se presenta como la base para la dominación de la naturaleza, como su otro externo, alienado. Aún más claro es el uso del término por Marx y Lukacs, como el camino natural por el cual los humanos dominan el mundo. El movimiento que va de los objetos a la objetivación, de la realidad a las construcciones de la realidad, es también el movimiento hacia la dominación y la mixtificación. La objetivación es el punto de despegue de la cultura, en el que la domesticación se hace posible. Alcanza su máximo potencial con la división del trabajo; el principio del intercambio mismo se mueve en el nivel de la objetivación. Los trabajos de Kafka, por otro lado, describen el resultado de la objetivación de la lógica cultural, con su asombrosa ilustración de un paisaje reificado que aplasta al sujeto. La representación y la producción son los planes de la reificación, la cual consolida y extiende su imperio. Por último, la orientación distanciadora, domesticadora, de la reificación decreta la creciente separación entre unos sujetos reducidos, endurecidos, y un campo de la experiencia igualmente objetivado. Como dice la corriente situacionista, hoy el ojo sólo ve cosas y sus precios. La génesis de esta perspectiva es mucho más antigua de lo que su formulación denota; el proyecto de desobjetivación puede obtener fuerza de la condición humana que prevalecía antes del desarrollo de la reificación. Se requiere un “futuro primitivo” donde una vida enredada con el mundo, y una fluida, íntima, relación con la naturaleza, reemplazará el cosificado reino de la civilización simbólica. El síntoma más temprano de la vida alienada es la muy gradual aparición del tiempo. Como primera y más primordial reificación, el tiempo es virtualmente sinónimo de alienación. Ahora estamos tan profundamente acostumbrados y regulados por este “ello”, el cual , por su puesto, no tiene una existencia concreta, , que pensar en una época precivilizada, fuera del tiempo, es extremadamente difícil. El tiempo es el síntoma de los síntomas por venir. La relación entre sujeto y objeto debe haber sido radicalmente diferente antes de que la distancia temporal llegara a la psique. Ha venido a colocarse sobre nosotros como una cosa externa – antecesor del trabajo y de la mercancía, separada y dominante como fue descrito por Marx. Esta fuerza de des-representación implica que la des-reificación significaría un retorno al presente eterno en el que vivíamos antes de entrar en la fuerza atractiva de la historia. E. M. Cioran se pregunta: “¿Cómo puede contribuirse a rechazar lo absurdo del tiempo, su marcha hacia el futuro, y todos los sin sentidos sobre la evolución y el progreso? ¿Por qué ir hacia delante? ¿Por qué vivir en el tiempo?” La petición de Walter Benjamin de romper la reificada continuidad de la historia, estaba basada, de un modo un tanto parecido, en su anhelo por la integridad y unidad de la experiencia. En un determinado punto, el momento mismo se vuelve importante y no cuenta con otros momentos “en el tiempo”. El reloj fue, por supuesto, el que consumó la reificación, disociando el tiempo de los acontecimientos humanos y los procesos naturales. Entonces, el tiempo era completamente exterior a la vida y estaba encarnado en el primer artilugio completamente mecánico. En el siglo XV Giovanni Tortelli escribió que el reloj “parece estar vivo, ya que se mueve por su propio impulso” El tiempo había pasado a medir sus contenidos, ya los contenidos no miden el tiempo. Solemos decir que “no tenemos tiempo”, pero es la reificación básica, el tiempo, el que nos tiene a nosotros. La vida fragmentada no puede convertirse en la norma sin la victoria anterior del tiempo. La complejidad, particularidad y diversidad de todas las criaturas vivientes no puede perderse en el territorio estandarizado de lo cuantitativo sin esta objetivación clave. La pregunta por el origen de la reificación es una cuestión apremiante que rara vez ha sido perseguida de un modo suficientemente profundo. Un error frecuente ha sido confundir inteligencia con cultura; es decir, la ausencia de cultura es vista como equivalente a la ausencia de inteligencia. Esta conclusión se agrava aún más cuando la reificación es vista como inherente a la naturaleza del funcionamiento de la mente. Desde Thomas Wynn y otros, sabemos ahora que los humanos pre-históricos eran nuestros iguales en inteligencia. Si la cultura es imposible sin objetivación, de ello no se desprende que ésta sea inevitable, o deseable. Pese a lo receloso que era Adorno con la idea de los orígenes, admitió que, en sus orígenes, la conducta humana no contenía la objetivación. De un modo similar, Husserl fue capaz de referirse a la integridad primordial de todas las conciencias antes que a su disociación. Captar este tipo de vida se ha probado, a lo sumo, como esquivo. Lévi-Strauss comenzó su trabajo antropológico con tal cuestión en mente: “Había estado buscando una sociedad reducida a su expresión más simple. Esta de los nambikawara era tan perfectamente simple que todo lo que podía encontrar eran existencias humanas”. En otras palabras, en realidad estaba buscando cultura simbólica y se veía mal equipado para reflexionar sobre el significado de su ausencia. Herbert Marcuse quería que la historia de la humanidad se amoldara a la naturaleza como una armonía sujeto-objeto, pero sabía que la “historia es la negación de la naturaleza”. La perspectiva posmoderna celebra positivamente la presencia reificante de la historia y la cultura negando la posibilidad de que un estadio pre-objetivacional haya existido nunca. Habiendo sido vencidos por la representación- y el resto de los presupuestos de la esterilidad del pasado, el presente y el futuro- difícilmente podría esperarse que los posmodernistas exploraran la génesis de la reificación. Si no la reificación original, el lenguaje es la más importante en sus consecuencias, como piedra de toque de la cultura representacional. El lenguaje es la reificación de la comunicación, un movimiento paradigmático que determina cualquier otra separación de la mente. La variación que presenta el filósofo W.V. Quine con respecto a esto, es que la reificación aparece con la pronunciación. “En el principio era el verbo”, el principio de todo esto, que nos está matando, limitando nuestra existencia a muchas cosas. Corolario de la simbolización, la reificación es una esclerosis que asfixia aquello que tiene vida, que es abierto, natural. En el lugar de la existencia se eleva el símbolo. Si nos resulta imposible coincidir con nuestro ser, arguye Sartre, en El ser y la nada, entonces lo simbólico es la medida de esta falta de coincidencia. La reificación sella el pacto, y el lenguaje es su uso universal. Una mediación simbólica exhausta, que cada vez tiene menos que decir, prevalece en un mundo donde la mediación es ahora vista como el hecho central, incluso determinante, de la vida. En una existencia sin vitalidad o sentido, no queda nada más que el lenguaje. La relación del lenguaje con la realidad ha dominado la filosofía durante el siglo XX. Wittgestein, por ejemplo, estaba convencido de que la fundación del lenguaje y del significado lingüístico es la base primordial de la filosofía. Este “giro lingüístico” se muestra aún más profundo si consideramos la totalidad de sentidos específicos del lenguaje, incluyendo su impacto original como un radical cambio de rumbo. El lenguaje ha sido fundamental para la obligación de objetivarnos a nosotros mismos, en un medio que crecientemente nos resulta ajeno. Así, para Heidegger resulta absurdo decir que la verdad sobre el lenguaje es que éste se resiste a ser objetivado. El acto reificante del lenguaje empobrece la existencia mediante la creación de un universo de significado suficiente en sí mismo. El caso extremo de “suficiente en sí mismo” es el concepto de “Dios”, y su definición última es, de modo revelador, “Yo soy el que soy” (Éxodo 4:14): Hemos llegado a considerar la naturaleza separada, auto-inclusiva de la objetivación, como la cualidad más alta, por lo que parece, en vez de cómo la degradación de lo “meramente” contingente, relacional, conectado. Hace tiempo que ha sido reconocido que el pensamiento no es dependiente del lenguaje, por más que el lenguaje limite las posibilidades de pensamiento Gottlob Frege se preguntaba, si es posible pensar de un modo no reificado, ¿cómo se explica el que el pensamiento pueda siempre ser reificado?. La respuesta no se encontraría en el campo elegido por él, la lógica formal.. En realidad, el lenguaje ha de proceder como un objeto externo al sujeto, y moldea nuestro proceso cognitivo. La teoría psicoanalítica clásica ignora al lenguaje, pero Melanie Klein estudia la simbolización como un precipitante de la ansiedad. Traduciendo la intuición de Klein en términos culturales, la ansiedad por la erosión de un mundo no-objetivado, provoca el lenguaje. Experimentamos “la urgencia de empujar contra el lenguaje” cuando sentimos que hemos renunciado a nuestras voces, y son dejadas sólo con el lenguaje. Lo enorme de esta pérdida es sugerido en la definición de C.S. Pierce del “sí mismo” como consecuencia de la simbolización; “mi lenguaje”, al contrario, “es la suma total de mi ser mismo”, concluyó. Dada esta clase de reducción, no es difícil estar de acuerdo con Lacan en que la iniciación en el mundo simbólico genera una persistente añoranza que procede de la ausencia del mundo real. “La expresión hablada no es más que un sustituto”, escribió Joyce en Finnegaan’s Wake. El lenguaje refuta toda apelación a lo inmediato desacreditando lo singular e inmovilizando lo móvil. Sus elementos son entidades independientes de la conciencia que los pronuncia, los cuales, en cambio, agobian dicha conciencia. De acuerdo con Quine, esta reificación juega un papel en la creación de un “sistema estructurado del mundo”, impidiendo las libres intenciones de la pura experiencia. Quine no reconoce los aspectos que limitan su proyecto. En su incompleto trabajo final, el fenomenólogo Merleau-Ponty comienza a explorar cómo el lenguaje disminuye una riqueza original, cómo, en realidad, trabaja contra la percepción. En efecto, el lenguaje, como un medio separado, facilita un sistema estructurado, basado en sí mismo, que se enfrenta a la anárquica “libertad de fines” de la experiencia. Lo consigue, básicamente al servicio de la división del trabajo, evitando el aquí y ahora de la experiencia. “Ver es olvidar el nombre de la cosa que uno ve”, una afirmación anti-reificación de Paul Valéry, nos sugiere cómo las palabras se interponen en el camino de la aprehensión directa. Los murngin del norte de Australia ven el acto de dar nombre como una especie de muerte, como la pérdida de una integridad original. Un movimiento de pivote de la reificación tuvo lugar cuando sucumbimos a los nombres y nuestros nombres llegaron a ser inscritos en cartas. Quizá cuando más necesidad tenemos de expresarnos por nosotros mismos, entera y completamente, es cuando el lenguaje más claramente revela su reductiva e inarticulada naturaleza. El lenguaje mismo corrompe, como declaró Rousseau en su famoso sueño de una comunidad despojada de él. El camino más allá de la aceptación de la reificación implica romper con el viejo hechizo de la representación. Otro camino básico de la reificación es el ritual, el cual se origina como medio de inculcar el orden conceptual y social. El ritual es un esquema de acción objetivado, incluyendo una conducta simbólica que estandarizada y repetitiva. Esta es la primera fetichización de la cultura, y apunta de un modo decisivo hacia la domesticación. En relación a esto último, el ritual puede ser visto como el modelo original de calculabilidad de la producción. Siguiendo estos argumentos, Georges Condominas cambió la distinción comúnmente hecha entre ritual y agricultura. Su trabajo de campo en el Sureste asiático le permitió ver el ritual como un componente integrante de la tecnología de la agricultura tradicional Mircea Eliade ha descrito los ritos religiosos como reales sólo hasta el punto en que imitan o repiten simbólicamente algún tipo de evento arquetípico, añadiendo que la participación sólo es sentida como genuina hasta el punto de esa identificación; esto es, sólo hasta el punto en que el/la participante deja de ser él mismo o ella misma. De este modo, el repetitivo acto ritual está estrechamente relacionado con la esencia despersonalizadora y devaluadora, de la división del trabajo y, al mismo tiempo, se acerca a una virtual definición del proceso mismo de reificación. Perderse uno mismo sometiéndose a un acontecimiento anterior, congelado: llegar a reificarse, algo que debe su supuesta autenticidad a alguna reificación anterior. La religión, como el resto de la cultura, brota de la falsa idea de la necesidad de luchar contra las fuerzas de la naturaleza. Los poderes de la naturaleza son reificados, junto con aquellos de sus equivalentes religiosos o mitológicos. Desde el animismo al deísmo, lo divino se desarrolla contra un mundo natural descrito como amenazador y caótico. J.G. Fraizier vio los fenómenos religiosos y mágicos como “la conversión consciente de lo que ha sido hasta ahora considerado como ser viviente, en substancias impersonales”. Deificar es reificar, y un descubrimiento realizado por el arqueólogo Juan Vadeum en noviembre de 1997, nos ayuda a situar el contexto de domesticación de este movimiento. En Chiapas, Méjico, Vadeum encontró cuatro tallas de piedra mayas que representan los “abuelos” originales del poder y la sabiduría. Significativamente, estas figuras de importancia seminal para la religión y la cosmología mayas simbolizan la guerra, la agricultura, el comercio y los tributos. Como apuntó Feuerbaach, todo paso importante en la historia de la civilización humana empieza con la religión, y la religión sirve a la civilización tanto sustantiva como formalmente. En su aspecto formal, la naturaleza reificada de la religión es la contribución más potente de todas. El arte es la otra temprana objetivación de la cultura, la cual es la que lo convierte en una actividad separada y le otorga realidad. El arte es también una cuasi-utópica promesa de felicidad, siempre incumplida. La traición reside en gran parte en la reificación. De acuerdo con Heiddeger, “ser una obra de arte significa fundar un mundo” pero este contra-mundo es impotente contra el resto del mundo objetivado del cual forma parte. Georg Simmel describió el triunfo de la forma sobre la vida, el peligro que representa para la individualidad el sometimiento a la forma. El dualismo de la forma y el contenido es el anteproyecto de la reificación misma, y participa en las divisiones básicas de la sociedad de clases. En lo básico, hay una similitud abstracta y de algún modo estrecha en todas las manifestaciones estéticas. Ello es debido a una severa restricción de lo sensual, enemigo número uno de la reificación. Y, rememorando a Freud, es la represión del Eros lo que hace posible la cultura. ¿Puede ser casualidad que los tres sentidos excluidos del arte- tacto, olfato y gusto- sean los sentidos del amor sensual?. Max Weber reconocía que la cultura “aparece como la emancipación del hombre del ciclo orgánicamente prescrito de la vida natural. Por esta razón,” continuaba, “todo paso delante de la cultura, parece condenado a conducir a una pérdida de sentido aún más devastadora”. A la representación de la cultura le sigue el placer por la representación, que reemplaza al placer por sí mismo. El deseo de crear cultura ignora la violencia en y de la cultura, una violencia que es inevitable dadas las bases del a cultura en la fragmentación y la separación. Para Homero, la idea de la barbarie era inseparable de la ausencia de agricultura. Cultura y agricultura han estado siempre relacionadas por su base común de la domesticación; perder lo natural que hay dentro de nosotros es perder la naturaleza que está fuera. Uno deviene una cosa con el propósito de dominar las cosas. Hoy día la cultura del capitalismo global abandona su pretensión de ser cultura, al mismo tiempo que la producción de cultura excede la producción de bienes. La reificación, el proceso de la cultura, domina cuando todo espera la naturalización, en un entorno constantemente transformado que es “natural” sólo en el nombre. Los objetos mismos –e incluso las relaciones “sociales” entre ellos- son vistas como reales sólo en tanto que son reconocidos como existentes en el espacio mediático o en el ciberespacio. Una reificación que domestica lo representa todo; incluyéndonos a nosotros, sus objetos. Y esos objetos poseen cada vez menos originalidad o aura, como han planteado muchos comentaristas desde Baudelaire y Morris a Benjamin y Baudrillard”. “Ahora se esparcen desde América cosas vacías e indiferentes, cosas falsas, una vida postiza”, escribió Rilke. Mientras tanto todo el mundo natural se ha convertido en un mero objeto. La práctica posmoderna se para las cosas de su historia y contexto, como en el recurso de insertar “comillas” o elementos arbitrariamente yuxtapuestos de otros períodos en la música, la pintura o las novelas. Eso da a los objetos una cierta autonomía desarraigada, mientras que los sujetos tienen poca o ninguna. Parecemos ser objetos destruidos por la objetivación, con nuestra grandeza y autenticidad perdidas. Somos como el esquizofrénico que se ve a sí mismo activamente como a una cosa. Hay una frialdad, incluso una falta de vida, cada vez más imposible de negar. Una palpable situación de “algo ausente” es inherente al indiscutible empobrecimiento de un mundo que se objetiviza a sí mismo. Nuestra única esperanza puede residir, precisamente, en el hecho de que la locura del conjunto es sólo aparente. Todavía sostienen algunos que la reificación es una necesidad ontológica en un mundo complejo, lo cual es exactamente lo significativo. El acto de des-reificación debe ser la vuelta a una vida simple, no dividida. La vida congelada y disimulada en las cosas no puede volver a despertar sin una vasta de-construcción de este cada vez más estandarizado, masificado, extraviado mundo. Hasta fecha muy reciente –hasta la civilización- la naturaleza fue un sujeto, no un objeto. En las sociedades de cazadores-recolectores no existía una división estricta o una jerarquía entre lo humano y lo no humano. Es preciso restaurar la naturaleza participativa de las conexiones desvanecidas, aquella condición en que el sentido estaba vivo, no objetivado en una cuadrícula de cultura simbólica. La visión tan positiva que tenemos ahora de la prehistoria supone una perspectiva de recuerdo anticipatorio: ahí está el horizonte de la reconciliación sujeto-objeto. Esta anterior participación con la naturaleza es el reverso de la dominación y el distanciamiento que se encuentra en el corazón de la reificación. Nos recuerda que todo deseo es un deseo de relación, tanto reciproca como animada. Hacer de ello algo cercano, o presente, constituye un proyecto práctico gigantesco, que pondrá fin a esta época oscura. JOHN ZERZAN* (Traducción de Francisco Campuzano) * Este trabajo, titulado originalmente “Things We Do”, apareció en la revista Anarchy (Columbia), nº 45, primavera-verano de 1998. * John Zerzan es un filósofo y sociólogo. Vinculado al ala “primitivista” del anarquismo norteamericano, su nombre saltó relativamente a la fama tras los acontecimientos de Seattle de hace dos años, de los cuales se les considera inspirador. Colabora habitualmente con la revista Anarchy. momento random #121: la nostalgia de toda una generación, la casa de tauro y los odiosos continuará
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 14/01/2012 a las 12:33 PM
momento random #121: la nostalgia de toda una generación, la casa de tauro y los odiosos continuará
un conocimiento temprano de la decepción y lo engañoso de los medios era ver una serie como los thundercats o gijoe a los siete u ocho años y un viernes como cualquier otro, a las 16:00 hrs, estar zombificado con una nueva aventura animada de tus personajes y de pronto sin anticiparlo quedar en el punto de mayor tensión, en un cliffhanger que cierra con un odioso y estúpido continuará, leono presto a morir a manos de los mutantes del tercer planeta que tienen por primera vez en su poder el ojo de thundera o duke y compañía, encerrados en un cuarto con un dispositivo nuclear de cobra, todo se va a negro y aparece la leyenda to be continued... y la voz en off reza... continuará... el lunes a la misma hora, luego de una mañana odiosa de colegio y tareas en casa, corres a poner el canal y así descubrir qué ocurrió... para toparte con estupor que los malditos no compraron la temporada siguiente, el paquete de capítulos que continua la saga (en este sentido me permito como digresión patética, el confesar que vi diez mil veces los episodios de los caballeros del zodiaco, como en un deja vu demencial, antes de que seiya y los otros pasaran de la cagona casa de tauro, lo que me empujó más tarde a seguir la serie en portugués), en definitiva, es probable que simplemente el programador quiso maquiavélicamente repetir los veinte capítulos previos antes de revelar la suerte de esos seres de acetato... era otra época le explico a mi hija de cinco, no teníamos internet a fines de los ochenta, no habían canales de dibujos como cartoon network, nickelodeon o XD, magic kids y el cable llegarían demasiado tarde... ella no me entiende su generación puede ver en you tube toda una temporada en su lengua original en cuestión de segundos o pedirme - papá, baja todo kid vs cat con megaupload... nosotros en cambio estábamos condenados al arbitrio de ese demiurgo desconocido habitando su torre hermética en las profundidades de una oscura señal local... e ahí una de las matrices de la nostalgia de nuestra generación nacida en los ochenta... pillarte en la madrugada, mientras todos duermen, viendo en vimeo o tube las intros de los visionarios, centella, las tortugas ninja, los defensores de la tierra, cobra, lady oscar, robotech, los motorratones de marte, los centuriones, transformers, bravestar, heman, el festival de los robots, tarareando en tu cabeza los temas del capitán memo, y desde luego rockeando con nuestros queridos felinos cósmicos, no puedes evitar leer los comentarios al margen de otros usuarios en la página de videos y descubres que más allá de las fronteras existe un dolor común, una hermandad de personas que hoy, entre los 24 y 30, vio sus expectativas interrumpidas y abortadas continuamente, en ese sentido los videojuegos fueron un sedante y droga fiel... Artículo sobre Carne (Cinosargo 2011) de Daniel Rojas Pachas en el Mercurio de Antofagasta
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 12/01/2012 a las 09:26 AM
Artículo sobre Carne (Cinosargo 2011) de Daniel Rojas Pachas en el Mercurio de Antofagasta [por Kamila López]
edición del jueves 12 de enero del 2012 Reseña sobre El Libro de las Revelaciones (Cinosargo 2011) en critica.cl
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 08/01/2012 a las 01:19 PM
http://critica.cl/libros-recibidos El Libro de las Revelaciones, Víctor Munita Fritis, Ediciones Cinosargo, 2011; 66 páginas.
Reseña de Felipe Caro P.Amigo escritor y lector: El 2012 Cinosargo Ediciones seguirá trabajando para usted
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 01/01/2012 a las 01:08 PM
Amigo escritor y lector: El 2012 Cinosargo Ediciones seguirá trabajando para usted mientras duerme en paz... LA OBLIGACIÓN DE SER SISTEMÁTICO CON de Daniel Rojas Pachas en Letrasértica III - Perú
Enviado por Daniel Rojas Pachas
el 30/12/2011 a las 10:23 AM
Descargar Artículo de Daniel Rojas Pachas en LETRASÉRTICAIII.pdf
Texto también publicado en la revista Critica.cl http://critica.cl/opinion/cinosargo-ediciones-la-obligacion-de-ser-sistematico-con-el-horror-del-sistema%E2%80%A6 |
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