y en la raíz de su fluir gritos incontrolables,
avanzan desmesuradamente,
en cada línea del espacio más inmediato; su cabeza.
En aquel agujero fecundo de sentimientos,
azares del pasado se mezclan con el presente.
Se entrelazan brutalmente infinidades de emociones
que corrompen las paredes de la razón,
rayando todo sentido
se pierde la realidad como un camino hacia el horizonte.
Vive dos mundos,
en un segundo atraviesa la calma,
llega a lo confuso,
lo incoherente,
un conglomerado sin fin
un instante que vaga e irrumpe.




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